La miel: ¿Por qué negarse a consumirla?
La apicultura en la actualidad, es el cultivo y manipulación de las abejas, para así obtener productos para usufructo humano, tales como: miel, cera, propóleo, polen, jalea real y veneno.
Las abejas son insectos inteligentes y han sido descritas como seres poseedores de unos complejos sistemas de comunicación superados sólo por los de los seres humanos.
Debido a que comúnmente se les ve volar libremente se piensa, ingenuamente, que las abejas están libres del maltrato, explotación y distorsión de la vida, implicados en la industria ganadera animal. Sin embargo, las abejas son igualmente tratadas, como cualquier otro animal dentro de una granja, es decir, son consideradas como unas meras máquinas. Por ejemplo, a los machos (zánganos) se les decapita para obtener su esperma, para luego inseminar de forma artificial abejas reinas de distintas colmenas y así aumentar la producción. Por otro lado las abejas reinas también son sacrificadas cada 2 años, ya que pasado este tiempo, su periodo de producción de huevos decae, y con esto, la colmena entera se hace menos productiva y poco rentable para el apicultor.
También, estas son sometidas a numerosos exámenes rutinarios y manipulación: por ejemplo, las colmenas son rociadas con humo para así facilitar la manipulación y aturdir a las abejas. Cuando se les arrebata su alimento, son expulsadas de sus colmenas con movimientos muy bruscos o bien con corrientes de aire muy potente, donde muchas resultan muertas o con extremidades lesionadas. Otro método de manipulación es cortar las alas de las abejas reinas, lo cual evita enjambrar (e irse volando). Enjambrar es el proceso natural (al menos en estado salvaje) de reproducción, crecimiento y supervivencia de esta especie. Por lo tanto, los apicultores evitan esta situación suministrando feromonas artificiales, o bien cortando alas, que si pensamos, seria el equivalente a cortar los rabos en los cerdos, o los picos en las aves, todo con el fin de mantener controlada su producción.
Como es de imaginarse, los regímenes alimenticios de las abejas de cría intensiva, distan bastante de su real alimentación. Las colonias son alimentadas con sustitutos de polen artificial y almíbar de azúcar blanco, generalmente para poder sustituir la miel que se les a arrebatado. La miel es un alimento predigerido elaborado por las abejas a partir del néctar. Las abejas recolectan el néctar de las flores y lo almacenan en su primer estómago. Allí es parcialmente digerido y convertido en la sustancia que llamamos miel. Esta es una fuente alimenticia para la abeja y es almacenado en la colmena para los meses de escasez invernal. La abeja al metabolizar la miel produce calor, lo cual mantiene estable la temperatura de la colmena. En estado natural las colonias de abejas se alimentan con la comida que ellas mismas recolectan ( miel y polen ), generando así abejas de mayor tamaño y vigorosidad.
Debido a la crianza intensiva de abejas, y para poder aminorar las pérdidas, los apicultores se han visto en la obligación de depender del uso de pesticidas sintéticos y antibióticos para combatir plagas, lo cual ha conducido a problemas de riesgo toxicológico tanto para apicultores como para las abejas, y por consecuencia, riesgos de contaminación en la miel.
Actualmente existe el comercio de abejas a escala mundial. En su transporte, las abejas sufren de estrés, ahogo y temperaturas extremas. Muchas de estas mueren en los ataúdes que constituyen sus paquetes. Por otro lado las abejas exóticas son exportadas a países extraños, causando problemas en el entorno natural y extendiendo enfermedades, como es el caso de las abejas africanas , las cuales son consideradas las más prolíficas productoras de miel en el mundo, pero también son muy agresivas; como resultado, miles de colmenas de abejas africanas son rociadas con gasolina o jabón líquido, en todos aquellos países que quisieron aumentar su producción de miel, como, por ejemplo, EE.UU.
La miel es el alimento perfecto para las abejas, pero existe una errónea creencia popular de que es también un azúcar natural y un alimento sano y nutritivo para el ser humano, y no te culpamos por creerlo, esta creencia proviene desde muchas generaciones atrás y ha sido difundida con gran ignorancia hasta la actualidad, pero de ti depende romper con esa creencia. Teniendo en cuenta la cantidad de ácidos que segregan las abejas para poder conservar la miel, llegamos a la conclusión de que la miel es un producto no recomendado para nuestra salud. También existe la comparación nutricional de los principales nutrientes entre miel y el azúcar terciado, la cual muestra que el azúcar es superior en cuanto a proteínas, calorías, potasio, calcio, magnesio, cloro, fósforo, cobre, hierro, ácido fólico, vitamina B 6 , biotina y ácido pantoténico. La miel es tan o más descalcificante y acidificante como el azúcar de caña y de remolacha, obligando, por lo tanto, al organismo del consumidor a recurrir a sus propias reservas de calcio, incluyendo las de los dientes y huesos en el caso de que sea necesario para neutralizar los ácidos introducidos en el sistema digestivo a través de la ingesta de miel.
Désiré Merien , impulsor de las etapas alimentarias en el Centro de Educación Vital Nature et vie en Francia; en su libro "Las fuentes de la alimentación humana", nos entrega las siguientes puntualizaciones sobre la miel:
"La miel se compone del 70 al 80% de azúcares simples (levulosa y glucosa) y muy poco azúcar complejo (3% de sacarosa). Algunos autores naturistas sostienen que la miel posee proteínas complejas aunque asimilables, sales minerales (entre ellas calcio, sodio y potasio) y vitaminas B, PP, C y D. Por el contrario, los especialistas oficiales en nutrición afirman que estos elementos sólo existen en forma de indicios. Únicamente la vitamina C estaría presente en cantidad más apreciable. Por lo tanto, no puede atribuirse a la miel unos méritos que no tiene. (...) La miel, derivado animal, contiene indicios de ácido fórmico irritante, y los ácidos málico, cítrico y succínico. Es laxante. Ahora bien, hemos explicado en otras obras que los laxantes son venenos de los que el organismo se libera lo más rápido posible. Hoy en día, muchas mieles son tratadas mediante calor, y algunas contienen antisépticos. La gran mayoría proviene de abejas nutridas con azúcar morena o blanco durante el periodo de reproducción. Todas estas mieles son de calidad inferior. Cuando se consume en mezclas alimenticias incompatibles, la miel engendra problemas digestivos muy peligrosos. Debe tomarse sola y en pequeñas cantidades. En asociación relativamente compatible, puede complementar un producto lácteo. Jamas debe ser utilizada para untar una rebanada de pan. La miel es un estimulante despilfarrador de energía orgánica. Lo es tanto más en cuanto que es un producto azucarado concentrado. No conviene en absoluto a los temperamentos primarios o a personas fácilmente irritables, emotivas y nerviosas. En caso de síntomas de excitación, no debe ser consumida. (...) Sus características tóxicas hacen que la situemos en la lista de alimentos de término medio".
Luego de lo recién visto, podemos determinar que el uso de la miel u otro producto apícola es totalmente innecesario e incluso llaga a ser dañino consumirlo. Por otro lado existen grandes cantidades de edulcorantes que pueden sustituir el consumo de miel, por ejemplo, zumos de frutas concentrados, sirope de manzana, sirope de acre, melaza, azúcar, extractos de malta, sirope de maíz, de cebada, de arroz, de dátil, etc.
"Los a veces dudosos beneficios de los productos apícolas no garantizan el uso y abuso de las abejas. Existen muchas otras efectivas medicinas alternativas de origen no animal". ("La Dieta Ética", primera edición, Marzo del 2002).